Neus Crespí
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    Divulgación · junio 12, 2026 · 1 min

    ¿Puede una esponja molecular limpiar el agua que bebemos?

    Imagina un material tan poroso que, si desplegaras la superficie interna de un solo gramo, cubrirías toda una pista de tenis. Existe, y se llama MOF: una red metal-orgánica.

    Durante mi investigación me obsesioné con una pregunta concreta: ¿podemos diseñar esos huecos a medida para que atrapen justo los contaminantes que más nos preocupan? En uno de nuestros trabajos funcionalizamos un MOF de hierro (MIL-100-Fe) con grupos sulfónicos para capturar diclofenaco —un antiinflamatorio muy común— del agua.

    Los tratamientos clásicos son buenos con lo evidente, pero hay sustancias (restos de medicamentos, pesticidas) que aparecen en concentraciones tan bajas que se cuelan por los filtros. Son los contaminantes emergentes, y ahí es donde la química de materiales tiene mucho que decir.

    La gracia de los MOFs es que podemos ajustar el tamaño de sus poros y la química de sus paredes para que prefieran capturar una molécula concreta. Cada vez estamos más cerca de tener materiales inteligentes trabajando en nuestras depuradoras.

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